deja vú.

Tengo una imagen en mi cabeza y ahí estoy yo ,con 10 años, un 8 de julio muy frío, un domingo en casa de mi abuelo Ado comiendo una riquísima bagna cauda y viendo una final de fútbol.
Los argentinos y los alemanes, dos equipos que parecían dejarlo todo en la cancha, se disputan un partido y esa vez, en Italia, la suerte no estuvo del lado argentino.

Otra imagen es en 2006 y de nuevo penales y un papelito que (después me enteré) fue el hijo de un preparador físico del equipo alemán quien haciendo uso de la probabilidad “predijo“ hacia donde patearían los jugadores argentinos y de nuevo, la suerte no estuvo de nuestro lado.

Y una tercera imagen más nítida y triste en 2010, en territorio “enemigo“ volviendo a casa amargada en medio de bocinazos y gente que danzaba mientras sostenía vuvuzelas en las manos, porque Alemania había goleado a Argentina por 4 a 0.

Esta vez es diferente, desde el primer partido tanto de Argentina como de Alemania supe que podrían cruzarse en cuartos de final o en la final, directamente y pensaba, muy adentro mío,  que esa posibilidad esta vez no se daría.

Hasta que anoche tuvimos la certeza de que así sería. De nuevo Alemania y Argentina se enfrentan, Argentina quiere sumar la tercera estrella a su camiseta y Alemania la cuarta.
Estoy caminando y escuchando las conversaciones en todos lados y los alemanes están muy seguros de que el domingo la victoria será de ellos. Están muy seguros. Y los argentinos que vivimos en Alemania albergamos la esperanza de que esta vez, la suerte esté de nuestro lado y que Argentina supere tácticamente al equipo alemán en la cancha.

En casa es diferente, desde el principio vivir con un alemán no es tarea menor en estos menesteres mundialistas. Hicimos un trato, mientras Argentina no se enfrente con Alemania vamos a hinchar por el mismo equipo.  Y así lo hicimos hasta anoche, hinchamos los dos por Argentina y por Alemania. Dominik es un alemán bastante argentinizado aprendió a hacer asado y cuando vamos a Argentina duerme siesta y toma fernet del copón.   También es capaz de ponerse contento porque a Argentina le vaya bien.
Tiene tres camisetas de Argentina y puede que con este partido sume una cuarta por esas apuestas que hacen argentinos y alemanes.

El domingo seguro la incertidumbre hará que el día sea diferente, el partido es a las 21 hora alemana lo que hará de la larga espera una agonía.
Los argentinos que vivimos aquí vamos a juntarnos para ver el partido y seguro se repetirá la imagen del 2010, la de la islita albiceleste en medio de un mar de camisetas blancas, rojas y oro.
No se puede describir la sensación de vivir el mundial lejos del país, creo que uno canaliza ansiedades y la sensación de “Heimweh“ (añoranza y extrañar la tierra) todo se junta y se entremezcla con la sensación de querer vivir el mundial en Argentina, de ver los partidos en familia y rodeado de amigos… gritando y saltando como solo se puede vivir en la tierra de uno.

Ojalá esta vez la suerte esté de nuestro lado, ojalá esta vez pueda ir a trabajar a partir del lunes y explicarle a mis alumnos de español cómo se dice ganador, y qué significa victoria, estos días tengo la sensación de que la gente te felicita pero en sus adentros desean que Alemania le haga 1000 goles a Argentina. Encima con la victoria ante Brasil están envalentonados… Ojalá que no. El lunes quiero ir a trabajar con la camiseta argentina puesta…
Esta vez tiene que ser nuestra.

Cuestiones poco probables.

Hace 5 años vivo aquí, de este lado del océano. Este año y por primera vez tengo la sensación de haber tomado el ritmo del año, de pensar el verano en junio y el invierno en diciembre.

Hoy llueve y no hay sol. Aquí la lluvia de verano es esa llovizna persistente que tiene Argentina en abril. Llueve y llovizna todo el día. Esos días que en Argentina no son muchos, uno tiene ganas de tomar mate con una amiga y filosofar. A veces en la vorágine del vivir uno no se sienta a filosofar mate de por medio. Filosofar y plantearse metas no muy objetivas.

Para mí Alemania vino a ordenarme la vida: un novio que después fue marido, una semana ordenada en horas de trabajo y de pausas, fines de semanas planeados con mucha antelación, invitaciones de casamientos recibidas 6 meses antes, despedidas de solteras organizadas 5 meses antes, mucha formalidad. Para mí Alemania es la reina de la formalidad. Extraño un poco la informalidad con la que uno podía manejarse. Pero a su vez me gusta la formalidad para trabajar. En Alemania el orden significa seguridad. Significa organización. Significa planificación. Pero no hay mucho de espontaneidad.  A veces tengo esa sensación de tratar con demasiada gente que se viste como catequista de la escuela primaria (pantalón de vestir negro y suelto, camiseta rosa y camperita tejida negra o gris o azul en el mejor de sus casos) y esa sonrisa de catequista que debe ser correcta con sus niños porque… dios y el cura del pueblo se lo mandan.

Pero extraño, sobre todo cuando llueve como hoy, los mates espontáneos y colgarme viendo llover por la ventana y filosofar sobre planes poco probables. Dentro de la lógica de este país teutón la improbabilidad o la falta de certeza no tienen muchas chances. 

Eso es lo que más extraño, filosofar acerca de planes poco probables. Extraño las facturas de panadería. Extraño los cielos esos enormes y con pocas líneas de aviones que los surquen.

Ya me siento parte de esto, no estoy pensando en volver, estoy pensando en como dejar de sentir este vacio que siento cuando no puedo filosofar acerca de cuestiones poco probables… 

 

 

Cita

Bienvenida, Nin…

Bienvenida, Nina. Todo lo bueno y lo amplio del mundo se te presente enorme y eterno.
Estamos muy felices de tenerte con nosotros.
Una niña, ein Mädchen.
Hace tantísimo tiempo no sentía la alegría que sentí anoche cuando supe que estabas bien y de este lado del mundo.
Gracias por venir a recordarnos que la vida sigue y se renueva en infinitos círculos.
Gracias por elegirnos.

Sacarlo hacia afuera

Los miércoles son días pesados, tengo muchos grupos y termino de dar clases a las nueve de la noche.

Este último miércoles fue, además, tristísimo.  Tengo un grupo que  ya ha hecho dos cursos antes y que puede manejarse en español usando el presente, el perfecto (he ido) y el futuro con el  verbo ir (voy a vacacionar en Mallorca).  Tenía dos estudiantes franceses que eran amigos, el uno falta reiteradas veces pero como su lengua madre son el francés y el alemán, no tiene problemas para agarrarle la mano a la gramática y entender cómo funciona el español.

El otro venía siempre. Un miércoles, antes de la semana de carnaval, me dijo que no vendría por tres semanas, que por trabajo estaría en España. La última clase del miércoles,  vino el francés uno y con la voz entrecortada no contó que el francés dos se había suicidado en España. No sé cómo me contuve para no llorar. No podía pensar en eso, en ese chico de 26 años, en los por qué… ¿Qué lleva a una persona a tomar una decisión así?

Lo hablé un poquito con algunas personas pero lo que más me gustó es lo que me dijo mi amiga literaria Ana. Voy a copiar sin su permiso lo que me dijo, porque fue para mí esclarecedor:

“Hay dos tipos de suicidios, los rápidos y los lentos..los rápidos son los de la persona que se da una sobredosis, se tira bajo un tren, salta de una ventana, etc…Los lentos son los de esas personas, que se dejan matar por un diagnóstico presuntivo de algo, que no soportarian que alguien se los tire en la cara…un diagnóstico que termina confirmándose, un diagnóstico que termina siendo el final…No sin antes pasar por una agonía, buscada, pero agonia al fin (…) cuando llega el final, aunque fuera un final esperado, siempre es sorpresivo y nunca está ,el que lo presencia ,en guardia para soportarlo bien. Después viene el enojo, la recriminación: una persona culta, inteligente, no se cuidó, no fue al médico, pensó solo en si misma (cuando por ahi en toda su vida fue el único instante en el que pensó en si misma) qué mal, lo que se perdió, cómo pudo hacer algo asi, no desear estar en cual o en tal momento, qué barbaridad…..Pero se fue. Punto. No hay más pesar para esa persona. Por qué decirle, si no lo otro: “pobrecita, pobre con esa enfermedad”…Ya está,  punto. Las cuentas las paga hoy otro. Las lágrimas las derrama otro, y en esa tormenta de furia, enojo y dolor, comprendemos que perdonando y respetando, corriendo esa piedra de preguntas sin respuestas y sentimientos sin destinatarios si no uno mismo y su entorno, se puede salir adelante e ir a por más.”

Creo que todo reside en eso, después del dolor, uno debería  entender las decisiones de los demás y no reprocharlas  tanto.

Ante la muerte y el tabú de la decisión de morir uno se queda tieso. No la entiende, no sabe qué decir ni como canalizar esa tristeza. Los asiáticos y muchas otras culturas celebran el paso de la vida a la muerte de la vida. Sigo sosteniendo que el sufrimiento del desapego es cultural. ¿Por qué algunas culturas pueden despedirse de sus muertos y otras necesitamos llorarlos? Claro, es diferente cuando la muerte no lo sorprende a uno sino que uno mismo la sorprende a ella. ¿Será la del suicidio la Muerte con mayúsculas que decía Saramago?¿Por qué el suicidio es una palabra con una carga semántica tan fuerte?

Comentando la situación ,de la muerte por motu proprio, me entero de que ocurre muchísimo más a menudo de lo que creemos. Que pasa y se esconde como la tierra debajo de la alfombra.

Cuánto mal nos hacen los tabúes y cuánto mal nos hace no poder hablar, decir, contarlo, desmitificarlo. Sacarlo hacia afuera.

 

 

orden y sábado

Cuando era chica, mucho más chica, los sábados eran sinónimo de limpieza en el hogar, de orden.

Cuasi como en un contrato implícito nos levantábamos y había que ordenar y limpiar la casa y guardar la ropa y dejar la casa limpia para la próxima semana que arrancaría todos los lunes.

Casi como un ritual, cambiar las sábanas y ponerlas nuevas y limpias con olor a sol y suavizante, pero lo que más me recuerda a los sábados es el olor del glo cot (creo que se llamaba así) que mi mamá usaba para darle brillo a los pisos. El Glo Cot implicaba el final de la limpieza y que la casa estaba en orden por unas horas, aunque sea.

En invierno mi mamá a veces horneaba, hacía alguna torta fácil y rápida entonces los olores se mezclaban con la ralladura de limón, de naranjas, el olor a la torta recién hecha. Sábado era radio Universidad de Córdoba y “El discreto encanto de los galenos” y… a veces mi papá  hacía el show de los panqueques los sábados a la noche y si llovía hacíamos “troqui ñoquis” que era una receta de él y unos trozos de maza cuasi ñoquis dulces fritos con caramelo azucarado. Una bomba.  

Esa rutina del sábado día de orden la mantengo aun hoy. El sábado limpiamos la casa, se ventila, porque aquí por el frío y la calefacción las paredes aíslan muchísimo y muchas veces no somos conscientes del denso aire que tenemos (si tuviéramos chiflete, no nos pasaría).    Tiene que ver con mantener un orden mínimo, con que la casa huela bien, con tomarse el tiempo para hacerlo pero más que nada tiene que ver con eso que hice cada sábado en mi niñez, limpiar para que la casa y la mente se ordenen y que el lunes pueda empezar la semana.

Buen finde para ustedes.